Transición o transacción

Por Serafín Mourelle Bugallo

En esta nebulosa de desconcierto, no exenta de individualismo e insolidaridad, exceptuando algunos reducidos grupos que se multiplican para estar en todo, no encuentro yo esa concienciación y responsabilidad que a estas alturas del dramático panorama nos debía llevar a ocupar el espacio público día y noche, no hablo en metáfora, digo día y noche.

Como nadie nos da una explicación medianamente convincente de este desastre (no acepto lo de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades), muchos creemos que sin duda han vivido ellos por encima de las posibilidades de todos, acumulando fortunas mediante trucos propios de chantajistas, sinvergüenzas, carteristas de gran altura que es lo que realmente son, con el silencio cómplice de las autoridades judiciales. Ahora a través de una sarta de insidiosas mentiras, pretenden hacernos responsables de sus infinitas tropelías, con el lamentable resultado de que muchos se las creen. Y así seguimos en esta carrera de despropósitos que como bólido en pendiente, sigue acumulando más y más fuerza viva sin saber cuándo ni cómo nos vamos a estrellar. Lo que sí sabemos, es que tal cúmulo de desastres está dirigido y alimentado por una tropilla de conversos, individuos de “rancio abolengo histórico” que robándonos la cartera, pretenden meternos los dedos en los ojos y que sigamos aplaudiendo.

Sin duda, una gran parte de lo que aquí está pasando, funde sus raíces en lo que se definió falsamente como transición, a lo que algunos hemos llamado transacción, o sea de unos para los mismos: El poder de la fanatizada iglesia católica quedó intacto. El judicial anquilosado y con los vicios de siempre, que ahora salen un tanto a relucir por alguna rendija mal cerrada. El mediático, el económico, el bancario quedaron en las mismas manos con todos sus defectos y ninguna virtud, corruptelas, robos descarados a pobres ahorradores sin que la mencionada justicia se entere, son el pan de cada día, al que ya millones de obreros no pueden llegar. Así como el que mantiene la espada de Damocles en alto, intocable. Por no mencionar al gran preboste, heredero del no menos gran mercenario. Claro que hubo lavados de cara. Lavados que no consiguieron arrancar la costra acumulada durante tantos años de roña.

Antes de cruzar el Jordán para salir bautizados como demócratas, y aún con el bastón de mando sobre mando, en manos cada vez menos firmes y de día en día más temblorosas, ocurrieron muchas cosas raras. Sobre todo, después de que el segundo de abordo volara por los aires cogiéndonos a todos por sorpresa. Responsabilizaron a Los de la “chapela “pero el tema en cuestión nunca estuvo claro, alguien pensó que este elemento estorbaba. Algunos malpensados creemos que el poderoso pulpo del imperio tenía un tentáculo moviendo las fichas a voluntad de los que poco más tarde se confesarían demócratas de toda la vida, y más allá. En los últimos años del dictador se recrudecieron los atentados por parte de ETA y otros grupúsculos de dudosa identidad, lo que no facilitó el tránsito, y los cavernícolas aprovecharon, jugando la baza del miedo que tan buenos resultados les ha dado, y sigue dando, aquí y ahora.

No obstante y posteriormente creemos que la socialdemocracia tuvo la posibilidad de atenuar en algo los vicios antes mencionados. Por ejemplo, revisar los tratados con el Vaticano, y enseñar en los colegios la Historia de los padres y abuelos. Porque no a la ley de la memoria para restañar heridas que aun siguen sangrando. Con doscientos tres diputados en un Parlamento de trescientos cincuenta, era posible hacer bastante más de lo que hicieron. La socialdemocracia fiel a su trayectoria histórica, se limito a hacer de colchón amortiguador entre el capital y la masa laboral, cuando no en contra de los obreros.

¿Y qué pasó con el pueblo?: Pues nada, nos ahorraron el viaje a Perpiñán, porque inmediatamente nos trajeron a España “El último tango en París”…. (ya estaba en el guión).

Además, poco después de salir del negro y larguísimo túnel a esa gran plaza, en la que se regalaba democracia a raudales, surgió la potente voz de un mesías socialdemócrata, que a los cuatro vientos, con gran solemnidad proclamó: “madrileños… a la movida. Y el que no esté colocado, que se coloque”. Los ecos de tal consigna, como ondas hercianas invadieron el país hasta la última cala de las costas.

Todos veníamos traumatizados, condicionados de aquel pasado de total oscurantismo. Ni siquiera los más viejos conocían la historia de sus padres y abuelos. Parecía como si nos hubieran absorbido los sesos e inyectado serrín, nadie había estado en la cárcel, nadie había pasado hambre. Y si alguno lo decía lo miraban por encima del hombro. En la cárcel, algo haría. En estas condiciones casi no es de extrañar que el paisanaje después de escuchar esa y otras no menos poderosas proclamas, se imaginara que la tan cacareada democracia patrocinada y gobernada por los recién conversos, lo solucionaría todo. Lo nuestro, era lo de siempre, elevado en proporciones trigonométricas. Los encargados de elaborar el soma nos lo suministrarían, por gramos, kilos o toneladas, día y noche: (Soma, droga del “Mundo Feliz). Aldous Huxley, no dice en su ilustrativa obra la composición de la milagrosa droga, pero a estas alturas ya lo hemos descubierto los españoles: todo tipo de deportes, sobre todo el futbol catalizador de fanatizadas masas que sin duda mantienen y potencian camarillas de mafiosos para enmascarar sus innumerables e inconfesables tropelías, con la anuencia y apoyo de los dos grandes partidos, que hasta el presente han dominado el cotarro político, que potencian la mentada droga con los recursos de todos en su propio beneficio.

Podría pensarse que uno no aprecia los deportes ¡pues sí!, me gustan casi todos. El deporte nació con el hombre: se supone que nuestros más remotos ancestros competían por ver quién tiraba la piedra más lejos, quien llegaba primero a la montaña, al río, quien saltaba más alto, etc. Lo que ocurre es que lo han degradado. A tal punto que ni los antiguos griegos inventores de las olimpiadas los reconocerían. Una anécdota histórica: en las últimas décadas del siglo XIX los ingleses, después de mucha lucha, consiguieron lo que durante muchos años definiríamos como sábado o semana Inglesa. Los intelectuales, defensores de los derechos laborales consideraban que la media jornada del sábado, debía emplearse con la familia y en actividades instructivas para mejor conocer los derechos y obligaciones de la clase. Como era de esperar, tal victoria fue acogida como un gran triunfo del proletariado.

Con lo que los teóricos no contaban fue que los asalariados empezasen a practicar los juegos de la burguesía: fútbol, baloncesto y tantos más. La reacción de los empresarios consistió en facilitarle campos de deportes y apadrinar competiciones. Y así siguen los gobiernos aportando grandes cantidades de recursos tan necesarios para asuntos sociales y tantas más necesidades.

Un ejemplo patético de esta transición: fue la recalada del “héroe” de Palomares en esta tierra de emigrantes. Promotor y firmante de miles de pasaportes, para ir de ciudadanos de segunda o tercera a recoger las sobras del plan Marshall. Este omnipotente ministro del interior, que nunca nada hiciera por Galicia en su época de todopoderoso ministro de información y turismo. Que a sangre y fuego se autoproclamo propietario de la calle. Fue recibido aquí como un” Mesías” y miríadas de gaiteros bailándole las aguas. Como recuerdo, nos dejo, perdida en un monte su pesada huella que sigue chupando de nuestros escuálidos recursos, este “patrón” sentó escuela y sus cachorros siguen mandando aquí y más allá.

¿Pudo ser diferente?: algunos creemos que sí. Todo era cuestión de no entregarse a las primeras de cambio. Si alguien pretendía ser Soberano, debía presentarse a la soberanía de las urnas y no era poco, teniendo en cuenta la nulidad de su pasado. Por lo de pronto, no hubiéramos tenido tanta prisa por entrar en el proyecto de la UE, tratados de Maastricht etc. Hoy comprobamos, a pesar de las apariencias, como toda la política Europea fue y sigue siendo un buen negocio para la burguesía especuladora (por no ir más allá). A nosotros los trabajadores, nos dejaron sin construcción naval, siderurgia, pesca y hasta la leche de nuestras vacas en beneficio de los franceses. Los millones de parados que tenemos hoy, no son ajenos a esta política neocapitalista comunitaria.

No vamos a descubrir nada al asegurar que la incertidumbre y el miedo son dos factores determinantes, sobretodo en momentos críticos a la hora de tomar determinaciones. En estos momentos y desde años atrás, el poder financiero en total connivencia con el político, se han dedicado a fabricar estas dos poderosas armas, que junto con el soma forman el terrorífico triangulo del pánico, anquilosando el cerebro y haciendo de los ciudadanos, zombis.

Tenemos que tomar la calle, y bordear sus leyes que no son las de ciudadanos honrados. Si hay que ir a la cárcel se va, con todos detrás, para su vergüenza ante el mundo (suponiendo que les quede alguna en algún recóndito lugar de su tramposo, retorcido, e inhumano cerebro).

Con cinco millones de parados y un millón de de hogares en los que no entra ningún salario, tenemos la generación de jóvenes mejor preparados de toda la historia, sirviendo de camareros a los ricos europeos, y la marca España hecha unos zorros, como meretriz por rastrojo. ¡Que los Dioses del Olimpo nos protejan!

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